La marca de agua es el propio texto
Cuando Anthropic hizo público que su forma de cumplir el 50 de la AI Act era, no una marca de agua, sino “el propio texto” (es decir, que la propia elección y estructura de las palabras permitía reconocer que habían sido generadas por Claude) me quedé fascinado.
La fascinación, claro, dejó paso rápidamente a mi idiosincrática y vallisoletana ranciedad: «Pues claro, so tolai: pero es que tampoco hacía falta ser Claude para reconocer ese marcado: se nota a la milla».
Como todos sabemos, y tanto se comenta por aquí.
PERO el ser humano es experto en la negación.
En efecto: nos han regalado un pequeño esclavo que escribe por nosotros (no exactamente lo que queremos decir, no exactamente como lo diríamos nosotros y además venía en un caballo de madera muy coquetón) y nada, absolutamente nada evitará que multipliquemos el número de esclavos implicados si podemos hacer irreconocible un patrón de IA… cambiándolo por otro.
Así, en lo que grasiosamente se ha dado en llamar «token washing» ya están apareciendo repositorios en GitHub que hacen exactamente eso: repintar el texto para que la máquina no pueda reconocer lo que, no matter what, se ve al kilómetro.
Por ejemplo, éste
Cosas veredes, amigo Sancho.